Este artículo está basado en el Salmo 79, un salmo de Asaf. Este fue escrito luego de la destrucción de Jerusalén de parte de los babilonios. Sin duda alguna, este fue un evento muy traumático e importante en el pueblo judío, de manera que se describe unas cuatro veces en el antiguo testamento (2 Reyes 25, 2 Crónicas 36:11-21, Jeremías 39:1-14, y Jeremías 52).

Este salmo también es una expresión de parte del salmista por la frustración y humillación de lo ocurrido. Piense en algo, el pueblo de Israel había visto múltiples victorias contra sus enemigos, y todo comenzó en Egipto, cuando todas las naciones se dieron cuenta del poderío del Dios de Israel, mas ahora el templo del Señor había sido profanado y la ciudad destruida.

Sin embargo, un momento difícil, un momento de vergüenza, nunca fue suficiente para que un verdadero adorador dejara de reconocer su propósito. Por eso el salmista escribió al final de este salmo:

Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, Te alabaremos para siempre; De generación en generación cantaremos tus alabanzas.

Salmo 79:13

A pesar de la gran destrucción que hubo y de como habían sido humillados, el salmista reconocía que aún seguían siendo el pueblo de Dios, ovejas de su prado. Y no había perdido el sentir de que tenían que adorar a Dios para siempre, por todos los siglos, todas sus generaciones.

La adoración no era algo negociable, ellos sabían bien que tenían que dar alabanzas a Dios en los momentos malos y buenos, en las victorias y derrotas. Y de la misma manera debemos actuar usted y yo, dar alabanzas a Dios sin importar lo que estemos pasando, ya que Él es merecedor de toda la gloria y honra.

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