La alabanza, sin duda alguna una parte extremadamente importante en cualquier servicio cristiano, ya que es un momento para expresar a través de la música nuestra gratitud hacia Dios, por lo que Él ha hecho por nosotros, y esto es algo que debemos hacer con espontaneidad, ya que fuimos creados para adorar a Dios y que el gran propósito de reunirnos es dar gloria a Dios.

En algunas congregaciones parece una batalla interminable el tener que pedir a los hermanos en el momento de la alabanza que se pongan de pie para adorar a Dios, que levanten las manos, que canten, que digan gloria a Dios, etc. ¿Debe ser esto así? Pues claro que no, puesto que si nos reunimos es para adorar a Dios y no necesitamos que nos presionen para hacer algo que se supone que debemos hacer por gratitud.

El salmista dijo:

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre.

Salmos 100:4

Un verdadero adorador entra por las puertas de la casa del Señor con la mentalidad de alabar a Dios, de dar gracias a Él por la obra que continúa haciendo en nosotros, por su amor inagotable, por sus misericordias, ¿acaso no tenemos mucho por lo que dar gracias?

Es por ello que debemos crear en los feligreses una mentalidad de adorador, de saber que con ese propósito es que vamos al templo, y de seguro que de esta manera no se le tendrá que decir a nadie que se ponga de pie o que cante, porque su mentalidad será la de un verdadero adorador.

Necesitamos ser adoradores espontáneos,  que reconozcamos para qué hemos sido creados y que llenemos el trono de Dios con nuestra alabanza.

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