Si de Dios tenemos paz en abundancia, tenemos alegría, y de Él proviene nuestra esperanza, ¿por qué no agradecerle y cantar salmos Su nombre?. Digno es de alabar para siempre.

Cantemos a Dios porque de Él proviene esa paz que corre por nuestro interior, de nadie más viene, por eso alabemos a nuestro Padre celestial ya que Él es quien nos bendice. Por eso cantemos, aunque estemos en los momentos más peligrosos, Él nos trae fuerzas nuevas, nos da esa alegría que perdura.

Demos salmos a Dios, depositando todas nuestras mejores alabanzas a Él, sólo Dios la merece. Por eso debemos ser agradecidos, que en cada momento que estemos delante de su presencia no se apague esa alabanza que sube hasta su trono.

Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer,
para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.

Romanos 15:13

Es muy claro que en otro lugar no encontraremos lo que podemos tener en nuestro Dios, esa esperanza por el poder del Espíritu Santo. Esa es una paz que corre por todo nuestro ser, y queremos que permanezca en nosotros. Creamos a esto, Él es grande en todo, alabemos Su Santo Nombre por los siglos de los siglos.

Alabemos a Dios porque Él es rico en misericordia, alabemos porque su paz abunda en nosotros, cantemos porque su alegría se mantiene hasta en los momentos más difíciles. Postrémonos delante de Dios porque Él es Dios, sigamos sus pisadas cantando de Su gran poder, anunciado de Sus maravillas, y que todo el mundo pueda dar himnos de alabanzas para el Rey que vive, y que vive para siempre, a Él cantemos.

Escucha esta hermosa alabanza

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