Siete versículos sobre la alabanza a Dios

Cuán interesante es la elección del título de este artículo. Vivimos en una época marcada por un enfoque excesivo en el ser humano, incluso dentro de muchas alabanzas de carácter motivacional, con frases como: “Este es tu año”, “Lo lograrás”, “Tu desierto termina aquí”, “El león pelea por ti”, entre otras.Sin embargo, cuando leemos en la Escritura los Salmos de David y de los demás salmistas, notamos que su sentir era muy distinto. Su enfoque no estaba centrado en el hombre, sino en dar gloria a Dios y rendirle alabanzas únicamente a Él.

Y este es precisamente nuestro llamado: alabar a Dios con todo nuestro ser, reconociendo Su grandeza, Su poder y Su fidelidad. De manera que, a continuación, veamos siete versículos sobre la alabanza a Dios.

1 – Salmo 34:1

Bendeciré a Jehová en todo tiempo;
Su alabanza estará de continuo en mi boca.

No importan nuestras dificultades, ni si estamos atravesando un momento terrible o sentimos que nos ahogamos en medio de los problemas. Primero, debemos recordar que Jesús está con Sus hijos para acompañarlos en esos momentos tan duros.

La Escritura nos muestra múltiples historias de hombres de Dios que, aun en las circunstancias más adversas, supieron mantener una alabanza continua en sus labios. Alabaron a Dios con el mar de frente como obstáculo y sus enemigos detrás. Alabaron a Dios en medio de leones y también dentro de un horno de fuego.

Si ellos pudieron adorar en medio del peligro, del dolor y de la incertidumbre, ¿qué esperamos nosotros para convertirnos en verdaderos adoradores?

2 – Salmo 107:1

Alabad a Jehová, porque él es bueno;
Porque para siempre es su misericordia.

¿Por qué alabamos a Dios? ¿Cuál es la razón por la que cada día nos despertamos, vamos a Él en oración y procuramos vivir una vida digna de un verdadero hijo de Dios? La razón es clara: alabamos a Dios porque Él es bueno y Sus misericordias son para siempre. Su fidelidad nos sostiene, Su gracia nos restaura y Su amor nos acompaña cada día de nuestra vida.

Cuéntanos en los comentarios algo que Dios haya hecho en tu vida y que quieras compartir con más hermanos en la fe.

3 – Salmo 150:1

Alabad a Dios en su santuario;
Alabadle en la magnificencia de su firmamento.

Cuán hermoso es cuando alabamos a Dios todos juntos en Su santo templo. Es un honor estar reunidos allí, sin distracciones, sabiendo que Él recibe nuestras alabanzas y que está atento a nosotros. ¿Te imaginas lo grande que es esto? ¡El Ser más importante del universo recibe nuestra adoración!

4 – Hebreos 13:15

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

Nuestra alabanza no debe basarse simplemente en un día de la semana donde levantamos nuestras manos y decimos gloria a Dios. Debe ser una alabanza genuina que se refleje en nuestra manera de vivir. Esta alabanza  debe ser continua y sabiendo que no es por nuestro medio, sino por Jesucristo.

5 – Romanos 15:11

Alabad al Señor todos los gentiles,
Y magnificadle todos los pueblos.

Gloria a Dios por la promesa a Abraham de que en él serían benditas todas las naciones de la tierra, no solo Israel, sino toda etnia, toda persona sin importar su nación o idioma. El sacrificio de Cristo en la cruz logró esto y ahí se cumple la promesa hecha a Abraham, y es por eso que podemos alabar al Señor, pues, como diría Pablo: Ya no hay judío, ya no hay griego… todos somos uno en Cristo.

6 – Efesios 5:19

hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;

Siempre hemos escuchado que el lenguaje del cristiano es distinto al de los demás. Y es que si, y no significa que no podamos hablar de deportes u otras cosas. Pero, como de la abundancia del corazón habla la boca, ¿qué nos puede interesar más que darle la gloria a Dios y hablar de Su Palabra? Y cuando nos reunimos como iglesia, ¿qué vamos a cantar si no de sus maravillas y Su Palabra?

7 – Apocalipsis 5:13

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Este versículo presenta una escena majestuosa de adoración universal: toda la creación, sin excepción —cielo, tierra, mar y todo lo que existe— se une en una sola voz para rendir alabanza a Dios y al Cordero. La imagen subraya que la alabanza no es solo un acto humano, sino una respuesta cósmica al señorío, la autoridad y la obra redentora de Dios. Al atribuirle alabanza, honra, gloria y poder por los siglos, el pasaje afirma que Su dominio es eterno y que toda la creación reconoce, de manera consciente o inevitable, que Él es digno de ser exaltado para siempre.

Conclusión

Amados hermanos, gloria a Dios por Cristo, al cual sea toda la gloria, la honra y el honor. No debe haber nadie más importante que Cristo en nuestras vidas. Cristo debe ser le eje, el motor, la piedra angular y quien gobierna la iglesia. Mucho cuidado que dejemos de dar la gloria a Cristo para perder el tiempo en otras cosas.

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