En el antiguo testamento Dios era muy celoso con la alabaza y sabemos con certeza que al día de hoy aún lo es, que Él quiere santidad en la alabanza, que no agreguemos más de lo que debemos agregar. El libro de Levítico capitulo 10 nos narra una historia un poco oscura, pero a la vez nos demuestra cuán celoso suele ser nuestro Dios con la alabaza, veamos lo que pasó con los hijos de Aarón:

Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó.

Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová.

Levítico 10:1-2

Tomaremos estos versos como una ilustración, pero no sin antes destacar la impresionante muerte de los hijos de Aarón, ¿cuál fue el problema con Nadab y Abiú? Su gran error fue exactamente el mismo que muchos líderes evangelicos de alabanza están cometiendo al día de hoy. Nadab y Abiú habían hecho algo que Jehová Dios nunca les mandó: ellos habían ofrecido fuego extraño delante de Dios. Algo muy importante que nos puede servir a todos sobre esta historia es: “y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Dos puntos: 1) ofrecieron fuego extraño 2) Dios no les había mandado hacer aquello. Es cierto que muchas de las alabanzas que cantamos hoy en día son canciones completamente antibíblicas, otras solo son piano y batería, pero cuando vamos al contenido de la misma no encontramos al Dios de las Escrituras.

Muchos artístas están produciendo “fuego extraño” en la alabanza de hoy en día, es increíble, pero cuando miramos su contenido y música no vemos algo espiritual en ello, vemos fuego extraño y cosas que Dios no les ha madando que hagan. Hermanos, debemos de tener algo muy en cuenta, y es que todo aquel que ha sido llamado al ministerio, debe de estar sometido a la palabra de Dios, llámese: artísta, pastor, maestro. Todos nuestros ministerios giran alrededor de la palabra de Dios, y si nosotros tratamos de incluir algo extra que no sean las Escrituras, entonces estamos haciendo lo mismo que Nadab y Abiú, estamos trayendo fuego extraño y haciendo cosas que Dios no nos  ha dicho que hagamos.

Esto de la alabanza es algo muy delicado, y oramos a Dios para que nos permita hacer solo su voluntad. Concluímos con esta frase del pastor David Wilkerson: ““Estoy cansado de la música que hace saltar a los jóvenes en lugar de doblar las rodillas.”

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