Todos hemos leído el capítulo 4 del libro de Juan donde Jesús tiene una conversación con la mujer samaritana y vemos aquella discusión que solía haber entre judíos y samaritanos, de cuál era el lugar correcto para adorar a Dios. Jesús no calla ante las palabras de la samaritana de que el lugar correcto de adoración era Samaria y no Jerusalén, las palabra de nuestro Señor son las siguientes:

21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.

Jesús le habla de una forma muy clara y sin tapar nada de la “Verdad de Dios” y le dice: “vosotros adoráis lo que no sabéis”. En pocas palabras: “ustedes adoran a Dios, pero no conocen a Dios. Imagínese usted querido lector, qué golpe tan fuerte debe de ser para esta samaritana esuchar estas palabras de boca de Jesús. Quizá ella pensaba que había pasado toda su vida adorando a un Dios que conocía, más ahora se encuentra a Jesús diciéndole que ellos no conocen lo que adoran. ¿Conoce usted al Dios que adora?  ¿Sabe lo suficiente sobre su Dios? Trate de no verse en el mismo lugar de esta mujer. Existen tantos hermanos en nuestras congregaciones, que ellos levantan sus manos y cantan todas las alabanzas y no conocen nada sobre Dios, solo han oido de un Dios, pero no tienen una relación personal con ese Dios.

Jesús contínua y le dice:

23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

Aquí Jesús le está hablando de algo que ya se aproxima, de algo que se acerca, pero que es ahora, y si podemos decir que ese tiempo estaba cerca, pero más que cerca “ya había llegado”. Quizá usted de se preguntará que a Jesús le seguía mucha gente, más esa gente no seguía a Jesús como su “Señor ( Kyrios) ” y “maestro (depostes)”, no veían a Jesús como aquel que tenía la palabra absoluta y como único Señor (Kyrios). Ellos solo querían a un Jesús que respondiera a sus necesidades humanas, sanidades, milagros y todo lo demás, pero esta no es la adoración que busca el Padre, por lo cual, el Padre no encontró una verdadera alabanza en ellos.

Continúa:

24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Debemos de entender tres cosas importantes sobre este verso: 1) Dios es Espíritu, 2) Debes adorarle, 3) Tu adoración debe ser en espíritu y verdad. Sobre nuestro punto número 3 surge una pregunta: ¿Podemos adorar a Dios con falsedad? Pues claro que sí, el pueblo de Israel lo hizo: Dice, pues, el Señor:

Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado (Isaías 29:13).

No caigamos nosotros en el mismo error del pueblo de Israel y del pueblo de Samaria, adoremos a Dios en espíritu y verdad, con todo nuestro corazón, que sea una alabanza sincera, una vida ofrecida a Dios en sacrificio vivo cada día.

Síguenos:

This article has 1 Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *